Aunque no tenga tinta
Hoy estoy triste.
No es una tristeza que grita, ni una que llora fuerte. Es una de esas que se instala en el pecho como si alguien apagara lentamente las luces de dentro. A veces me pasa. A veces me pasa más seguido de lo que me gustaría admitir.
Hoy me siento así porque no sé si estoy haciendo bien las cosas. No sé si ser empático con alguien termina lastimando a otro. No sé si por cuidar a una persona terminé fallando a otra. No sé si dije lo correcto, si callé de más o si simplemente me equivoqué por estar cansado. Me pregunto si tener límites me hace egoísta, o si poner a otros primero me hace débil. Me canso de no entenderme.
Ayer fue uno de esos días. Y hoy, bueno… hoy sigo arrastrando lo que no supe decir. Lo que no supe hacer. Tengo miedo de perder lo que amo por no estar a la altura. Tengo miedo de que mis silencios suenen a indiferencia. Pero no es eso. Es solo que a veces no puedo con todo. Y aunque lo intento, me rompo un poco.
Estoy en tratamiento. Tomo sertralina todos los días. A veces a tiempo, a veces se me pasa, como hoy. No lo digo para dar lástima. Lo digo porque hay días en que simplemente estar de pie ya es el acto más valiente que puedo ofrecer.
Este blog se llama Un guionista sin tinta porque muchas veces siento que me quedé sin palabras. Sin energía. Sin dirección. Pero aun así, escribo. Escribo porque algo adentro mío se rehúsa a desaparecer del todo. Porque hay algo profundamente humano en dejar testimonio del caos.
No sé si esto le sirva a alguien. No sé si mañana me avergüence de esta entrada. Pero hoy, esto es lo que hay. Y si alguien allá afuera se siente igual… quiero que sepa que no está solo.
Gracias por leerme.
Gracias por no irte.

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